Cuenta la leyenda, que existió un hombre tan feo, pero TAN FEO que cuando nació, el doctor le dijo a sus padres: "hicimos lo que pudimos, pero nació"; su madre no le dió pecho, le dió la espalda; cuando quería abrazar a su madre, ella le decía que prefería tenerlo como amigo y si este le preguntaba si lo quería, ella le respondía: "pues me caes bien".
Lo único que tenía bueno era el nombre: se llamaba Arcadio.
Bueno, pues este señor creció y se convirtió en Arcadio El Feo. Un hombre que gozaba de gran reputación entre sus muchos amigos de ser el único que podía acostarse con la mujer que quisiera. Sus hazañas iban de boca en boca hasta el grado de que tenía seguidores que jamás lo habían visto en persona. Donde quiera que estuviera ya no era necesario que cortejara mujeres, ellas le coqueteaban apenas lo reconocían. Las mujeres querían estar con él y los hombres querían ser como él. Si señor, era todo un seductor.
Pero esta historia también involucra a Esteban. Esteban había sido creado para deleite de las mujeres. Con sus metro y noventa centímetros de altura, tenía una humanidad que hacía que se marchitaran las flores de la vergüenza y que se tuviera que poner antiferomonas para que las mujeres no se lo fueran a tirar en la calle. Su rostro era tan hermoso que tenía prohibido por el ayuntamiento municipal caminar por avenidas concurridas en horas pico. Sus cabellos parecían de muñeco de plástico y utilizaba su sonrisa para cegar a los venados cuando iba de cacería.
Solo había dos problemas: era tartamudo y era terriblemente aburrido. Apenas le dirigía un par de frases a cualquier mujer y esta perdía todo el interés súbitamente. Esteban era muy desdichado, hasta que oyó hablar de Arcadio El Feo.
La noche que se lo presentaron no lo podía creer.Arcadio El Feo era posiblemente más feo que una mula y estaba con dos gemelas hermosísimas que no paraban de abrazarlo y besarlo.
-¿Cu cu cuál es tu tu tu se secreto?- preguntó desesperado Esteban.
-Tendrás que hacer todo lo que te diga- respondió Arcadio.
-De de de acuerdo.
-Bien. Mañana invitarás a comer al comisario.
-¿Co co cómo?
-¿Quién es el maestro?
-Pods tu.
-Bien. Entonces mañana lo harás.
-Va.
Esteban fue con el comisario por la mañana y lo invitó a comer. El comisario se asustó y le dijo que el era muy hombre y que no podía hacer eso.
-Di di dijo que no.
-Mañana lo invitarás de nuevo, esta vez al cine.
-Pe pe pero.
-Nada, mañana irás de nuevo.
Esteban fue el día siguiente y el comisario se molestó muchísimo. Le dijo que el no era maricón y que no podía salir con gays. Lo amenazó con balearlo si volvía.
-Di di dijo que no.
-Mañana lo invitas a la feria.
-Pe pe pero me me va a ma matar.
-Mañanas vas.
Esteban fué al día siguiente y el comisario se puso a llorar. Le suplicó que lo dejara en paz, que el no podía salir con él.
-Di di dijo que no.
-Mañana lo invitas a un día de campo.
Esteban no podía ocultar su indignación.
-Pe pe pero.
-Vete a preparar los emparedados.
El comisario salió con Esteban y fueron al lago a pescar. En el calor de la tarde algo surgió entre ellos, ya no eran desconocidos.
-Fu fu fuimos a pe pescar y lu lu luego al ci cine.
Arcadio sonrió triunfal.
-Ahora solo tienes que hacer eso con una chica.
Esteban se sonrojó.
-No no lo creo, Sa sa samuel se puede po poner celoso.
Moraleja: El no ya lo tienes, trabaja el sí.